Primera emisión: 13 de
julio de 2014.
“El
Ojo del Caimán” llegó
al sitio conocido como de Punta de
Lucrecia, accidente geográfico banense que Cristóbal Colón denominó como
Cabo Cuba.
El espacio se dedicó a las
personas que trabajan y viven en este sitio, marcado por una de las
construcciones más emblemáticas del municipio, el Faro de Lucrecia, lugar que posee disímiles sortilegios que se
entretejen en la torre de 147 años.
Un
poco de historia:
El 10 de octubre de 1868 es la fecha memorable que marcó el comienzo
de nuestras luchas independentistas, protagonizado por Carlos Manuel de
Céspedes en la finca La Demajagua. Mientras estos patriotas se concentraban y
escuchaban el ferviente discurso que los exhortaba al combate, en Banes ocurría la inauguración de una
torre iluminada de suma importancia para la navegación. Casualmente en igual
fecha se estrenó el Faro Lucrecia -una de las construcciones representativas de
la arquitectura militar o de fortificación- incluido en la relación de faros
más importantes del mundo.
Te acercamos a historias como la de
Miguel Chacón García, quien fungió por más de cuatro décadas como torrero: “Nosotros teníamos un sistema en el
que entrabamos a las siete de la mañana y salíamos al otro día a las siete,
éramos tres, uno de descanso y dos permanentes allí. Lo primero que hacíamos
era limpiar y habilitar la planta y mantener la observación permanente de los
buques porque lo mismo hay barcos mercantes que barcos enemigos. Por la noche
se arrancaba la planta y velábamos por el funcionamiento correcto del Faro, que
mantenga sus características correctas. Él tiene que dar un destello cada cinco
segundos, no puede ser cada seis porque los navegantes se pueden perder. Esa
medición tiene que ser con mucho rigor, con un cronómetro y no menos de tres
veces en la noche. Tiene que dar cuatro destellos en veinte segundos, esto es
lo que caracteriza al Faro de Lucrecia y que es una zona de mucho tránsito de
barcos”
El acceso al Faro se dificulta por el
abrupto camino, “no todo tipo de carro puede llegar a este lugar”, asevera el
chofer de la carreta, que marcha lenta, por el continúo vaivén que procuran los
baches. Los cangrejos rojos trasnochados se encargan de darnos la bienvenida,
así como la brisa y el olor único del mar.
Actualmente en este sitio viven
trabajadores del Instituto de Meteorología y del Grupo Empresarial GEOCUBA,
conozcamos las experiencias de Alex Hernández Zaldívar y Osmany Velázquez,
observadores meteorológicos que habitan el lugar.
Alex: “Nosotros
somos dos turnos que rotamos de forma semanal. Los relevos son los martes y el
turno se compone por dos observadores meteorológicos. Cada tres horas nosotros
salimos afuera, evaluamos un grupo de variables meteorológicas, hacemos un
parte y lo enviamos para Holguín. Eso no puede fallar, a la hora que sea,
aunque este lloviendo, hay que salir, coger los datos y enviarlos. Nosotros
mismos tenemos que cocinarnos aquí, cuando podemos traemos a nuestras esposas. Tenemos
corriente eléctrica solo por la noche por lo que durante el día pescamos,
jugamos dominó. A veces es difícil porque también tenemos problemas familiares
pero esto es un lugar tranquilo, donde si uno lo sabe llevar se vive bien”.
Osmany: “La
estación de Cabo Lucrecia es la única de intercambio regional de la provincia
por la posición que tiene. El pronóstico del tiempo lo realiza la gente del
departamento de pronóstico sacando lo que nosotros le enviamos a ellos. A veces
en condiciones anormales, cuando para el viento aquí hay plagas de mosquitos,
de jején.
Hasta Punta de Lucrecia, en Banes,
llegan los familiares de los trabajadores para acompañar las jornadas laborales
y propiciarle una estancia más llevadera. Pero ¿Cómo le llegan los alimentos?
¿De qué modo obtienen el agua para beber? ¿Cuáles son las maneras de establecer
comunicación? Son algunas de las interrogantes a las cuales solo las personas
que viven aquí pueden darle respuesta.
Alex:
“A nosotros nos asignan una cifra que alcanza para sobrevivir aquí.
Siempre la mejoramos con otros productos que traemos de la casa, especias,
viandas y lo que es el plato fuerte que lo reforzamos porque aquí pescamos,
criamos nuestros chivitos. El agua es de lluvia, el edificio fue diseñado para
recoger el agua que cae en la azotea y almacenarlo en un aljibe en el patio
interior, el agua aquí no falta. Lo que tenemos para comunicarnos es un
teléfono, por ahí uno siempre tiene noticias o que alguien venga y te diga de
tu familia.”
El Faro de Lucrecia se encuentra entre
los dieciocho faros más importantes del mundo por la ayuda que brinda a la
navegación. Es la única construcción del Siglo XIX (19) que se conserva en el
municipio y fue declarado Monumento Nacional. Para los banenses constituye uno
de los patrimonios más preciados no solo por sus bellezas naturales sino por su
historia, que se escribe día a día y desde el ojo del caimán.

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